SÍNDROME PREMENSTRUAL Y BIODESCODIFICACIÓN: INSEGURIDAD, FRAGILIDAD Y DESESPERANZA

Por Jesús Casla
Terapeuta de BioNeuroEmoción –

 Descodificación Biológica
& Hipnosis Clínica Reparadora

www.dbr-casla.com

 

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El Síndrome Premenstrual es un conjunto de alteraciones físicas y emocionales relacionadas con el ciclo menstrual. Puede afectar a la mujer en edad fértil y suele resultar más molesto en las de mayor edad o en las que se aproximan a la premenopausia. Se manifiesta, sobre todo, en la segunda fase del ciclo menstrual, es decir: entre los días 14 y  28 del ciclo, desapareciendo, habitualmente, con la llegada de la regla. Para confirmar que una mujer sufre Síndrome Premenstrual las alteraciones físicas y emocionales se deben producir al menos durante tres ciclos menstruales consecutivos.

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Síndrome premenstrual: inseguridad, fragilidad, miedo y desesperanza

El Síndrome Premenstrual está considerado como uno de los síntomas que más afectan a las mujeres y que condiciona más frecuentemente el normal desarrollo de sus vidas. Se calcula que alrededor del 80% de las mujeres en edad fértil sufren en algún momento de su vida este Síndrome, especialmente una vez superada la treintena o después de ser madres.

La medios de comunicación y las campañas publicitarias han contribuido a generar en torno al Síndrome Premenstrual la sensación de que sufrirlo y soportarlo es normal, que forma parte de la fisiología de la mujer. Si bien es cierto que su incidencia está muy generalizada, esto no equivale a que deba asumirse o interpretarse como algo inherente a la condición femenina, sobre todo porque en muchos casos sus síntomas alteran y condicionan muy seriamente el normal desarrollo de la vida de la mujer incluso durante varios días en cada ciclo menstrual.

No existe una sola causa clara y concisa que provoque la aparición de este Síndrome. Se trata más bien de una serie de alteraciones que, en conjunto, constituyen o conforman el cuadro clínico del Síndrome Premenstual; factores sociales, familiares, laborales y culturales; pero también psicológicos y emocionales.

Tradicionalmente, se ha venido considerando que este Síndrome está provocado esencialmente por desequilibrios hormonales entre los estrógenos y la progesterona, así como trastornos alimenticios y situaciones de intenso estrés emocional continuado. Estos son y han sido los principales argumentos esgrimidos desde la medicina tradicional occidental y desde la medicina moderna, en general. Desde este punto de vista estrictamente somático, se observan una serie de efectos físicos que con mucha frecuencia aparecen asociados al Síndrome Premenstrual. Uno de los más habituales es la retención de líquido y, consecuentemente, el incremento de peso. Pero también se presentan con frecuencia dolores de cabeza y calambres. También son muy comunes la distensión abdominal, los gases y la sensibilidad y la inflamación de los senos. Hay casos en los que el Síndrome Premenstrual va a acompañado de estreñimiento y en otros se presenta con diarrea, malestar estomacal o síndrome del intestino irritable. También son muy comunes los cambios en el apetito y los antojos. Es habitual también que el Síndrome Premenstrual vaya acompañado de brotes de acné y dolores musculares, en las articulaciones y en la espalda.

Además de los síntomas físicos, el Síndrome Premenstrual suele aparecer junto una extensa sintomatología anímica y psíquica. La mujer son Síndrome Premenstrual se puede sentir especialmente irritable durante esos días, con  desacostumbrados cambios de humor  y episodios de llanto. Esto incide frecuentemente en la aparición de trastornos asociados al sueño. En consecuencia, puede sentir también una sensación de torpeza y fatiga que llegan a mermar su memoria y su capacidad de concentración o disminuir su interés por las actividades cotidianas. Estos síntomas sumen a la mujer con Síndrome Premenstrual en un clima de confusión, tensión y nerviosismo. Inmersa en estas situaciones relacionadas con el Síndrome Premenstrual, es habitual que la mujer pierda su impulso sexual, aumente sus miedos y sienta una baja autoestima.

Muy frecuentemente, se acentúan en la mujer sentimientos de culpa, miedo y desesperanza. Si estos sentimientos, unidos a los síntomas antes referidos, son suficientemente intensos, la mujer con Síndrome Premenstrual puede llegar a presentar un cuadro clínico de ansiedad y depresión con ataques de ira tanto hacia sí misma como hacia los demás, con episodios de culpa o de ingesta incontrolada de alimentos.

Una variante extrema del Síndrome Premenstrual es el Trastorno Disfórico Premenstrual. Si bien los  Síntomas son los mismos, el Trastorno Disfórico Premenstrual tiene lugar cuando los síntomas emocionales se presentan más severos y predominan sobre los físicos. El Trastorno Disfórico Premenstrual afecta aproximadamente al 5% de las mujeres en edad fértil, sobre todo entre los 30 y los 50 años de edad, y especialmente en las mujeres que han sufrido episodios de depresión. La severidad del Trastorno Disfórico Premenstrual trastoca seriamente el desarrollo normal de la vida de la mujer, así como sus relaciones.

Qué hay detrás del Síndrome Premenstrual, o de su versión severa, el Trastorno Disfórico Premenstrual? Por qué ha llegado a instalarse la creencia de que, en mayor o menor medida, forma parte inseparable del ciclo menstrual? Hemos visto los síntomas más comunes que presenta la mujer con Síndrome Premenstrual; pero es la descodificación biológica de esos síntomas la que nos permite comprender qué situaciones y circunstancias emocionales provocan su aparición.

La biología de la mujer que padece Síndrome Premenstrual pone de manifiesto que vive y siente su feminidad desde la desvalorización y la fragilidad, ya sea con respecto a la familia, la pareja o respecto a las normas sociales y culturales que le otorgan un rol que considera injusto y limitante. Hay, por tanto, un sentimiento de rechazo de la mujer hacia algo que se asume (reglas  sociales, familiares y de pareja) porque las circunstancias así lo establecen; pero que vive esas imposiciones con impotencia porque siente que limitan y condicionan su vida y su realización. Mujeres que, precisamente por esas normas y reglas impuestas, sufren un conflicto de desvalorización y de identidad, sin otorgarse el permiso para decir o hacer lo que anhelan por miedo a disgustar a los demás o a perder a alguien. Paradójicamente, esta autocensura por miedo a perder a alguien puede hacer que la mujer se convenza a sí misma de que la mejor opción es, en definitiva, la aceptación e incluso la negación forzada de algo que, en el fondo, sabe que no le agrada.

A pesar de esa aceptación forzada y aparente, en el fondo la mujer no asume la realidad que le rodea e interiormente se acusa porque sabe que lo que tiene no es lo que realmente quiere.  Aunque parezca que acepta las normas y reglas impuestas, no las absorbe ni las asimila. Esto alimenta un debate interno que genera tensión en la mujer que continuamente analiza y sopesa su rol, su función y su status social, profesional y familiar.

Además del conflicto de identidad, la biología de la mujer que sufre Síndrome Premenstrual también pone de relevancia una desvalorización estética que puede llevarla a sentir rechazo no sólo hacia su propia identidad y su posición sino también hacia su propio cuerpo y su apariencia física. En el fondo, desvalorización sexual e incluso miedo a la sexualidad; rechazo de sí misma y, como hemos visto, desvalorización y baja autoestima.

El Síndrome Premenstrual expresa que la mujer siente falta de apoyo emocional en su entorno laboral, social o familiar. Es posible que tampoco se sienta amada. Esa falta de apoyo incrementa su sensación de tener que cargar en soledad con las responsabilidades de la vida. Esto puede llegar a bloquearla emocionalmente y a sumirla en la desesperanza y la frustración. En esa situación, es fácil que pierda toda motivación y quede a merced de sus inseguridades y sus miedos, creyéndose impotente para enfrentarlos. En ese caso, tenderá a dar por hecho  los peores escenarios, presagios de un futuro funesto, alimentando pensamientos y creencias negativas, olvidándose de vivir el presente. Se preocupará constantemente y buscará una salida que probablemente no encontrará por la situación de bloqueo en la que se encuentra. Esto, a su vez, le confirmará la creencia de su desvalorización, las dudas sobre su identidad y su capacidad para afirmarse y lograr ser ella misma.

La mujer con Síndrome Premenstrual muy a menudo está inmersa en sus miedos y temores; en situaciones anímicas de desesperanza que pueden llevarla a sentir fatiga profunda y a tener serias dificultades para motivarse. Los pensamientos negativos constantes le impiden concentrarse en cualquier otra cosa que le saque de esa inercia. La angustia y el miedo se han hecho presentes en cada momento de su vida. La apatía y el pesimismo son sus compañeros de viaje. El resultado es una profunda desconfianza en sí misma y también dudas en la orientación y sentido que debe dar a su vida.

El primer e ineludible paso que debe dar toda mujer que sufre Síndrome Premenstrual consiste en tomar conciencia de que ha entregado su poder a las influencias externas y que eso precisamente le ha llevado a u situación de confusión, incertidumbre, desvalorización y miedo. Debe, por tanto, reconocerse y respetarse en plenitud, concediéndose el derecho a sentir sus miedos; pero también el derecho a expresar y lograr sus anhelos sin plegarse a normas implantadas que desde niña le han enseñado a respetar y aceptar sin discusión posible. Si da ese primer paso, caminará en la dirección adecuada, sintiéndose libre y realizada, en coherencia y equilibrio entre lo que hace y lo que siente; amando su feminidad, su sexualidad y su identidad como mujer; muy por encima de cánones, normas y creencias.