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Biodescodificación de la ANSIEDAD: anticipación de miedos y peligros

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Jesús Casla 

De pronto, un buen día los ventanales por los que entra la luz a nuestras vidas se cierran, sumiéndonos en la penumbra, en la oscuridad, en la noche; dejándonos a merced de nuestros miedos, presos de toda clase de temores e incertidumbres que se alimentan de nuestra inseguridad y desconcierto hasta hacernos olvidar cómo era la vida antes de sentir ese acecho. La ansiedad  es precisamente la anticipación involuntaria de temores, daños o desgracias que aún no han tenido lugar y que quizá nunca sucedan.

La ansiedad, del griego ankho (estrangulo), es la otra cara de la depresión. Ambas son distintas manifestaciones de la misma enfermedad: pensamientos y creencias negativas que nos llevan a proyectar la mente en el futuro (ansiedad) o en el pasado (depresión), lo que obviamente no nos permite vivir y afrontar adecuadamente el momento presente.

La ansiedad es una situación emocional que irrumpe en nuestras vidas cuando sentimos un peligro (real o imaginario).

Es un sentimiento de inquietud profundo que altera

la normalidad de nuestras capacidades cognitivas.

Se trata de un código de supervivencia porque es una adaptación para que podamos reaccionar ante una situación de emergencia. Sin la ansiedad actuaríamos de manera inconsciente ante peligros que pondrían en riesgo nuestra supervivencia.

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Ansiedad, inquietud profunda que nace de anticipar miedos y peligros potenciales, pero improbables

Realmente, la ansiedad es una señal de alerta, el aviso de un peligro que acecha. Por tanto, permite a la persona prepararse para enfrentar la situación de amenaza. Esto no tiene nada de extraño; la ansiedad es un estado emocional y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones estresantes. Desde este punto de vista, un determinado grado de ansiedad es positivo porque nos ayuda a gestionar el día a día de nuestra vida cotidiana ante estímulos reales o potenciales.

Cuando percibimos o imaginamos una situación de peligro

potencial, el sistema simpático se dispara y toma

el control de nuestro cuerpo para enfrentar ese peligro.

Esas reacciones pueden ser de lucha, huída o parálisis. Sin embargo, todo cambia cuando esa ansiedad rebasa la capacidad adaptativa de la persona, convirtiéndose en patológica. En las sociedades modernas, la ansiedad patológica se ha convertido en una enfermedad muy frecuente con repercusiones muy desagradables para quienes la sufren. Los trastornos de ansiedad más comunes son las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada y el miedo escénico que surge normalmente al tener que hablar en público o por el solo hecho de imaginarlo – anticiparlo.

Hablamos de ansiedad patológica cuando el estímulo adaptativo supera la capacidad de respuesta del organismo, dando lugar a una respuesta intensa y desproporcionada que limita y condiciona el funcionamiento cotidiano. La ansiedad patológica siempre se acompaña de una serie de síntomas físicos y psicológicos.

 

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Síntomas de la ansiedad

Físicos:

  • Vegetativos: sudoración, sequedad bucal, mareos e inestabilidad.
  • Neuromusculares: temblores, tensión muscular, cefaleas y parestesias.
  • Cardiovasculares: palpitaciones, taquicardias y dolor precordial.
  • Respiratorios: disnea.
  • Digestivos: náuseas, vómitos, dispepsia, diarrea, estreñimiento, aerofagia y meteorismo.
  • Genitourinarios: micción frecuente y problemas de la esfera sexual.

Piscológicos y conductuales:

  • Aprensión y preocupación.
  • Sensación de agobio.
  • Miedo a perder el control y a volverse loco
  • Sensación de muerte inminente.
  • Dificultad de concentración y sensación de pérdida de memoria.
  • Inquietud, irritabilidad y desasosiego.
  • Inhibición o bloqueo psicomotor.
  • Obsesiones o compulsiones.

Las personas que sufren ansiedad patológica sienten angustia y miedo; desean huir a pesar de no poder identificar nítidamente ni el peligro ni los motivos de ese anhelo de huida. La ansiedad patológica no es tanto la manifestación de diversos problemas a los que se enfrenta la persona en su vida cotidiana como la idealización que de esos problemas y situaciones hace la persona. El problema se agrava cuando esta reacción que denominamos ansiedad patológica es muy intensa, como en los ataques de pánico (situaciones en las que la persona no puede controlar su ansiedad) o cuando esa reacción aguda se convierte en hábito, es decir, crónica o muy frecuente.

Para que aparezcan los trastornos de ansiedad deben existir diversos factores, principalmente biológicos, ambientales y psico-sociales.

.- Factores biológicos como alteraciones en los sistemas neurobiológicos, anomalías estructurales en el sistema límbico, ciertas alteraciones físicas, cierta predisposición genética, consumo de alcohol, drogas y sedantes.
.- Factores ambientales como ciertos estresores ambientales y una mayor hipersensibilidad.
.- Factores psicosociales como las situaciones de estrés, ambiente familiar emocionalmente tóxico y preocupaciones excesivos.

En el fondo, la ansiedad manifiesta una falta de confianza

hacia la vida, falta de confianza que deviene en temor

sin un motivo real que sume a la persona en la angustiosa

espera de un peligro impreciso e improbable.

Esta espera dolorosa bloquea a la persona y la impide vivir, sentir y disfrutar el momento presente, obsesionándose con lo que pueda ocurrir, imaginando toda clase de potenciales peligros y reveses, observando cualquier circunstancia o señal que pueda confirmar sus sospechas.

La imaginación entraña peligros. Bien manejada, nos permite generar situaciones y escenarios para afrontar conflictos; pero en una persona con ansiedad la imaginación suele llevarle a los peores finales posibles. La ansiedad esconde, por tanto, una profunda desvalorización e impotencia que nos lleva a creer que no somos capaces de afrontar y gestionar con éxito las situaciones.

Resulta crucial tomar conciencia de que cuando hay ansiedad realmente es la imaginación la que toma el control, impidiéndonos disfrutar del presente, dando paso a miedos y peligros posibles, pero improbables. Hay que aprender a confiar más en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestras cualidades, en nuestra intuición, sin sentir la presión de tener que demostrar y demostrarnos nada. El intento de control sólo produce más descontrol. Si tratamos de controlar los miedos y temores que provoca la ansiedad sólo lograremos reforzarlos, alimentarlos; provocando, a su vez, miedos y temores más profundos.

La Descodificación Biológica de la ansiedad nos lleva necesariamente a profundizar en las situaciones y circunstancias de las que surge. Habitualmente, los conflictos emocionales inconscientes que dan lugar a la ansiedad tienen un origen transgeneracional o en la etapa del Proyecto Sentido. Receptores de programas inconscientes legados por nuestros antepasados o por nuestros padres, nacemos predispuestos o diseñados para repetir lo que ellos sufrieron, sus miedos, sus temores. La exposición, incluso décadas después, a circunstancias emocionales similares a las que ellos afrontaron hará que probablemente somaticemos dichos conflictos. Por eso, es determinante tomar conciencia del origen real del programa inconsciente que desata la ansiedad, pues ésta es en realidad el aviso de que albergamos en nuestro inconsciente un conflicto emocional activo y latente.

La ansiedad manifiesta la existencia de una emoción

profunda -normalmente heredada- que debemos localizar

para llevarla a la conciencia -hacerla consciente- y aprender a manejarla.

Averiguar y comprender las circunstancias en las que se programó el conflicto y las que lo activan en nosotros resulta esencial para neutralizar la ansiedad y evitar que se convierta en algo más grave. Sólo reviviendo en detalle las circunstancias en las que nació el conflicto que se esconde tras la ansiedad y la situación y el sentido por el que éste se manifiesta en nosotros será factible descodificarlo de manera efectiva, encontrar el «para qué», tomar conciencia y desaprender; es decir, cambiar las creencias asociadas a esos miedos y temores para liberarnos y desactivar el conflicto tanto en nosotros mismos como en nuestros descendientes.

 

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Jesús Casla es autor de los libros:

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