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PSORIASIS y BIODESCODIFICACIÓN: Doble separación (Jesús Casla)

By 27/11/2020marzo 24th, 2021No Comments

PSORIASIS y BIODESCODIFICACIÓN: Doble separación

Jesús Casla 

Consultor, escritor y catedrático.

Terapeuta de 

Descodificación Biológica – Biodescodificación, 

Descodificación Transgeneracional

e Hipnosis Regresiva.

Fundador del DBR Institute.

 

www.dbr-casla.com      www.jesuscasla.com

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La psoriasis es una enfermedad inflamatoria de la piel en la que aparecen lesiones cutáneas y placas escamosas de tono oscuro en cualquier parte del cuerpo, aunque más habitualmente en codos, rodillas, cuero cabelludo, uñas, abdomen, piernas y espalda. Entre los distintos tipos de psoriasis, cabe destacar los siguientes:

  • Psoriasis en placas: es la forma más frecuente, también conocida como psoriasis vulgar. En ella se presentan placas, habitualmente de forma simétrica, en rodillas, codos, parte baja de la espalda o cuero cabelludo.
  • Psoriasis acral: aparecen erupciones pustulosas en torno a las uñas de las manos.
  • Psoriasis eritrodérmica: las lesiones cutáneas abarcan casi la totalidad de la superficie corporal y a menudo surge a partir de una psoriasis en placas ya existente.
  • Psoriasis de pliegues: se presentan placas eritematosas de color rojo en los grandes pliegues de la piel, como las axilares, las ingles, los glúteos, bajo los senos o en el ombligo. Se trata de lesiones cutáneas no escamosas, con   bordes definidos y un aspecto liso y brillante.
  • Psoriasis del cuero cabelludo: frecuente en personas que ya sufren psoriasis en otras partes del cuerpo. Las placas    descamativas son gruesas y se adhieren al cabello.
  • Psoriasis eruptiva: caracterizada por la aparición de pequeños puntos de forma circular, sobre todo en el tronco. Es más habitual entre niños y adolescentes, aunque en ocasiones reaparece en la edad adulta, si bien ya como otro tipo de psoriasis.
  • Psoriasis pustulosa generalizada: hay un cuadro de malestar general y fiebre que se ve acompañado por la presencia de pústulas con pus que aparecen y desaparecen en nuevos brotes hasta que, al    cabo de varias semanas, se presenta de nuevo la forma de psoriasis que el paciente sufría previamente.
  • Psoriasis pustulosa palmoplantar: pústulas que brotan simétricamente en las palmas de las    manos y las plantas de los pies, formando escamas y costras que adquieren un tono marrón, en un proceso que  se repite en el tiempo hasta producir callosidades amarillentas que pueden provocar la aparición de fisuras dolorosas que comprometen seriamente la movilidad.
  • Impétigo herpetiforme o psoriasis gestacional: es una forma de psoriasis pustulosa que se presenta en los últimos meses del embarazo. Generalmente se resuelve tras el parto, si bien suele repetirse en embarazos posteriores.

La psoriasis surge como resultado de la separación,

del sufrimiento generado al perder el contacto con alguien.

Los riesgos y peligros que supone la soledad y el abandono prevalecen intactos en nuestra memoria ancestral, esa que es resultado del largo proceso de adaptación que nos ha permitido sobrevivir, la misma que nos conecta con nuestra esencia biológica y animal. La memoria biológica está regida por la mente inconsciente, que reacciona de manera súbita ante cualquier imprevisto para afrontarlo y buscar una adaptación que permita a la persona continuar adelante.

La separación y la soledad entrañan riesgos que pueden dar lugar, huelga decirlo, a conflictos emocionales de suma importancia. En la naturaleza, la pérdida de contacto con el grupo (tribù) implica un peligro mortal que lleva a nuestro inconsciente, spiritus rector, a tomar el mando de inmediato y poner en marcha determinados programas biológicos de protección.

Del miedo a la posibilidad de resultar heridos nos defendemos

protegiéndonos para minimizar, en lo posible, los riesgos.

Esa es precisamente la función biológica de las placas que aparecen en la piel en los casos de psoriasis. La envoltura más superficial, la epidermis, se convierte en una especie de coraza o armadura que será más robusta cuanto mayor sea el miedo y también la sensibilidad de la persona, pues la propia coraza protege y, además, disminuye la capacidad de sentir, aísla.

En realidad, en la persona que sufre psoriasis conviven al menos dos conflictos de separación. La carga conflictiva es muy fuerte porque, al mismo tiempo, lidia con un conflicto que se encuentra en plena fase activa, el cual produce la descamación de la piel, mientras que, por otra parte, aún se encuentra inmersa en un segundo conflicto, precedente, éste ya en fase de curación. Se trata, por tanto, de un doble conflicto de separación que atañe a un mismo sujeto; pero referido a dos personas distintas de su vida o su entorno afectivo.

El ejemplo más claro es el que corresponde a la situación ajetreada

que a veces viven los hijos tras el divorcio de sus padres.

A partir de la separación conyugal, con la custodia compartida y la estancia alternativa en el hogar de él y de ella, los hijos quedan permanentemente expuestos a la pérdida de contacto con sus padres, ya que siempre, en cualquier caso y situación, les faltará la presencia de uno de ellos. Cuando estén con el padre, entrará en fase de solución el conflicto de separación vivido con él; pero se activará el mismo conflicto referido a la madre, y a la inversa cuando estén con ella. Así sucesivamente, sin solución de continuidad, como consecuencia de la ruptura del ámbito familiar en el que dieron sus primeros pasos en la vida, un ambiente afectivo que un día les impregnó de la ternura y las caricias que ahora, en todo caso, seguirán recibiendo, si bien de modo distinto y en ambientes diferentes.

La psoriasis también surge cuando el hijo o la hija, incluso ya en edad adulta, sufren un conflicto de separación conflictiva con el padre, o con quien represente la figura paterna, por ejemplo, un padrastro en caso de viudez o divorcio de la madre, incluso la propia madre si se ve forzada a ejercer el doble rol materno-paterno en ausencia de éste último. Como hemos visto, siempre debe existir, además, otro conflicto de separación que, en combinación con éste referido al padre, dé lugar a la aparición de psoriasis. El padre, como auctoritas, detenta desde tiempos inmemoriales los roles de proveedor y protector de los suyos (capobranco). Si falta, ya sea por ausencia definitiva o temporal, como podría ser el alejamiento o ausencia física y emocional provocado por enfrentamientos, desacuerdos o disputas conyugales, puede hacer que el hijo se vea inmerso en un conflicto emocional de separación y desprotección.

Desamparado y sin la barrera protectora que el padre encarna, el inconsciente

del hijo reaccionará para suplir esa falta de protección.

También cuando el padre es ausente emocional, es decir, está presente físicamente; pero no dedica atención ni tiempo de calidad a los hijos, por lo que éstos se pueden sentir igualmente desprotegidos. Observan que una especie de barrera insalvable les separa del padre y no saben cómo vencerla, se sienten indefensos y desamparados, añoran el contacto y los abrazos de él, que no llegan. El sufrimiento que no expresan con palabras quedará de manifiesto, de forma inequívoca, en su piel.

 

Jesús Casla es autor de los libros:

Descodificación Bio-Transgeneracional. Secretos y claves del árbol genealógico

El ciclo menstrual y sus síntomas. Descodificación biológica y emocional

La memoria emocional de la vida uterina

Huellas emocionales de la infancia. Una visión sistémica de las relaciones familiares

 

 

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