LA OBESIDAD Y SU SENTIDO BIOLÓGICO

Por Jesús Casla

Terapeuta de BioNeuroEmoción – 

BioDescodificación

& Hipnosis Clínica Reparadora

www.dbr-casla.com

Se entiende por obesidad el aumento de peso corporal por encima de un patrón determinado en relación con la talla o el resultado de una acumulación excesiva de grasa o líquidos. La obesidad ha alcanzado proporciones pandémicas principalmente en los países desarrollados, donde la alimentación es abundante y la mayor parte de la población realiza trabajos que apenas requieren esfuerzo físico, convirtiéndose en un factor de riesgo para enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la artrosis, la salud cardiovascular, etc.

La grasa corporal cumple funciones mecánicas al amortiguar, proteger y mantener en su lugar los órganos internos. También cumple funciones metabólicas ya que es la encargada de generar grasas para el organismo. La grasa es más voluminosa y menos pesada de transportar que huesos y músculos, y permite una mayor combustión. Además, la grasa es aislante.

Hasta aquí la visión clásica del sobrepeso desde la medicina tradicional que no analiza ni su sentido biológico, ni los conflictos emocionales que esta enfermedad manifiesta. El abordaje del sobrepeso desde la Descodificación Biológica, la BioDescodificación o la BioNeuroEmoción, parte de preguntas esenciales como qué conflictos emocionales hay detrás, qué nos está manifestando nuestro cuerpo a través de la obesidad, qué bloqueos mentales y emocionales esconde o cuál es, en definitiva, su sentido biológico.

Recordemos que cualquier síntoma o enfermedad, como en el caso de la obesidad, no es sino la respuesta biológica ante un impacto emocional vivido de forma consciente o inconsciente. En respuesta a ese impacto emocional, nuestra biología responde elaborando una respuesta biológica a la que llamamos enfermedad. Esa respuesta biológica es realmente una alarma con una clara intención positiva, un aviso de que en nuestro inconsciente albergamos impactos emocionales y traumas no resueltos. Ahí precisamente, en el inconsciente, es donde se debe actuar para mejorar o sanar del todo esta enfermedad.

Conviene aclarar, no obstante, que el factor más importante no es el peso en sí sino el tejido adiposo o graso (un tipo de tejido conjuntivo), concretamente el porcentaje de grasa acumulado en el cuerpo. Sabemos por la Nueva Medicina Germánica que el tejido adiposo pertenece a la tercera capa embrionaria, el Mesodermo Nuevo. Esta capa embrionaria aparece en la evolución cuando el ser vivo necesita desplazarse por el medio terrestre para encontrar agua y alimento. Por tanto, la función de estos órganos y tejidos es dar movimiento y facilitar con ello la supervivencia. Sabemos también que el tejido adiposo deriva de la misma capa embrionaria que las serosas que tienen la finalidad de proteger los órganos y que el tejido que se altera para manifestar la obesidad es la hipodermis, perteneciente a la capa embrionaria del Mesodermo Antiguo, cuyo sentido biológico es la protección. Al analizar el sobrepeso desde la Descodificación Biológica debemos partir siempre de ese sentido biológico de Movimiento y Protección para la supervivencia: ¿Para qué sirve tener tanta grasa? Hay que encontrar esa utilidad inconsciente que siempre está presente.

El sobrepeso manifiesta una necesidad de protección ante agravios, críticas, abusos e insultos; pero también protección de la sexualidad y de las insinuaciones sexuales. Protección, en definitiva, ante un miedo general a la vida. Es común tomar conciencia de que cuando alguien se siente inseguro o incómodo tiende a aumentar de peso, del mismo modo que cuando la amenaza desaparece el exceso de peso se va también. Las personas con sobrepeso suelen sentirse desprotegidas y, en muchos casos, suelen ser personas con carencias afectivas e insatisfacción sexual. En esa situación, la comida se convierte en un paliativo de su insatisfacción.

CONFLICTOS EMOCIONALES

Todo ello pone en evidencia que detrás del sobrepeso hay siempre uno o varios conflictos emocionales latentes y bloqueados. La acumulación de peso no es más que una respuesta biológica de supervivencia ante esos conflictos: 

Conflicto de abandono

En la naturaleza, los recién nacidos se quedan pegados a su madre desde que nacen hasta que pueden valerse por sí mismos para explorar los alrededores y sobrevivir. Para el ser humano es igual: cuando se siente abandonado (real o simbólicamente) instintivamente le invade la sensación de estar en peligro y de que tendrá que solventar esa situación sin ayuda del clan o la familia. La muerte y el peligro acechan y es muy difícil sobrevivir en soledad. Esto es más evidente para un niño recién nacido, incapaz de defenderse y de alimentarse. En esas circunstancias, tener garantizado el sustento es primordial. Es por esto que el estrés de abandono se canaliza sobre todo comiendo y almacenando reservas; es biológico. La persona que se siente sola, biológica e instintivamente tenderá a generar reservas alimenticias y a almacenar grasas porque no sabe cuándo volverá a comer.

Por otra parte, la sensación de abandono y de estar en peligro hará que se cierren los conductos renales para retener el máximo de agua en el interior del organismo, indispensable para sobrevivir, generándose de este modo sobrepeso por retención de líquidos y, en ocasiones, cálculos renales.

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El sobrepeso responde a conflictos emocionales no resueltos como identidad, abandono, amenaza y desvalorización estética

Cuando somos o nos sentimos abandonados (padre o madre ausente, niño abandonado por los padres, o un padre o madre que no cumplen con su función), estamos indefensos, frágiles. Nuestro inconsciente biológico detecta que podemos ser atacados y devorados por lo que el hecho de ser más grandes cambiaría las cosas. Siendo más voluminoso será más fácil que el clan, mi madre, me encuentre. En cambio, si no se puede ser o aparentar gran tamaño, la solución biológica es hacerse pequeño, pasar desapercibido para poder escapar del predador.

Llegados a este punto, debemos analizar dos actitudes muy diferentes: En primer lugar, la actitud masculina, hormonalmente (testosterona) predispuesta a la defensa y al ataque. Responde a la sensación de abandono acumulando grasa, aparentando fortaleza, aumentando de tamaño para garantizarse la protección y poder disuadir a posibles depredadores. En segundo lugar, la actitud femenina, hormonalmente (estrógenos) predispuesta a la huida. En este caso, frente a una situación de abandono y peligro la respuesta biológica será pasar desapercibida para, llegado el momento, poder huir con rapidez. Todo ello se manifiesta en un físico más enjuto y ligero que, en casos extremos, puede llegar hasta la anorexia y la bulimia.

Conflicto de sentirse bajo amenaza

En la naturaleza, cuando dos animales están frente a frente, preparados para el combate, primero intentarán impresionar a su enemigo hinchándose, erizando su pelo, abriendo sus alas, etc. para disuadir al oponente y tratar de evitar un enfrentamiento siempre de resultado incierto. El equivalente en el ser humano es tratar de intimidar a sus rivales aumentando su tamaño a través de la grasa.

Conflicto de silueta

En este caso se trata claramente de una situación de desvalorización estética en la que nos reafirmamos cada vez que nos miramos al espejo porque nos disgusta lo que vemos. Esa desvalorización estética seguramente esté provocada por alguna situación pretérita vivida como agravio, insulto o humillación. La respuesta biológica es polarizarse masculinamente para aumentar de tamaño y aparentar fortaleza y seguridad aunque a la vez uno mismo odie y sienta asco de ese aspecto que le muestra el espejo. Esto provoca que el páncreas segregue glucagón que genera bajada de azúcar en sangre. Esto, a su vez, genera más hambre, aumentando, por ende, las ganas de comer. El conflicto de silueta provoca impotencia, desvalorización, pesimismo y baja autoestima.

Conflicto de carencia indigesta

Originado por situaciones de falta del alimento materno (falta de leche o falta de afecto). El destete prematuro, ya sea por problemas de salud o laborales de la madre, provoca no sólo la evidente pérdida del primer y más valioso alimento sino también la pérdida de contacto con la madre. Estas situaciones pueden condicionar la vida y la salud del adulto que tenderá inconscientemente a acumular reservas en forma de grasa. Ante una situación de carencia afectiva en la infancia, el adulto quizá seguirá buscando aquel primer antidepresivo que tuvo: el afecto materno. Buscará inconscientemente el pecho materno, símbolo de protección y seguridad. En su lugar, por ejemplo, tenderá a consumir dulces, en sustitución del afecto materno, o carbohidratos refinados, símbolo de protección.

Conflicto de identidad

Habitual en personas que sienten que no tienen un lugar definido en el clan (familia), como ser hijo no deseado (no es lo mismo que no ser querido) o nacer niña cuando esperaban un niño o a la inversa, etc. También las lealtades familiares inconscientes harán que si en una familia, por ejemplo, los padres o adultos tienen sobrepeso, los niños se mimetizarán –inconscientemente- para ser aceptados e integrados.

Conflicto de rechazo al contacto sexual

Este conflicto responde básicamente a su bloqueo emocional que frecuentemente se arrastra desde la infancia cuando la persona afectada se sintió humillada y aún conserva ese miedo de sentir vergüenza o de que alguien la agravie. Suele suceder que una persona que ha vivido esa humillación después acumule demasiada grasa para no ser deseada por el otro sexo, para rehuir el contacto sexual o por temor a ser engañada.

LOCALIZACIÓN DE LA OBESIDAD

Ahora que hemos visto cómo la obesidad o el sobrepeso tiene un sentido biológico que manifiesta la existencia de conflictos emocionales no resueltos, debemos tener en cuenta también la localización de esa obesidad en el cuerpo para poder descifrar con más exactitud su “para qué” y proceder a su desprogramación.

Obesidad alta.

En cara, cuello, tórax, hombros y espalda. Responde a un desarreglo del cortisol. Asociada a sobrealimentación o estrés. Manifiesta conflictos relacionados con la masculinidad, la función paterna (independientemente de si se es hombre o mujer) y sobrecarga de responsabilidades.

Obesidad abdominal.

En la parte inferior del tórax, abdomen y muslos. Debido a un desarreglo de la insulina. Asociada a falta de ejercicio, depresión y sobrealimentación. Conflictos relacionados con la protección a un hijo (real o simbólico) o madre sobreprotectora. Las barrigas que caen y “protegen” el pubis o simbólicamente tapan el sexo son frecuentemente memorias transgeneracionales de violación e incesto.

Obesidad baja.

En caderas, nalgas, piernas y brazos. Debido a un desarreglo de las hormonas femeninas (estrógenos y progesterona). Se identifica claramente por la apariencia de piel de naranja. Responde a conflictos relacionados con protección de la feminidad, rencor por un agravio, ira o cólera hacia alguien.

BLOQUEOS

Detrás del sobrepeso existen conflictos emocionales, situaciones y características físicas que nos dan pistas valiosas del “para qué” de esta enfermedad en cada caso. Pero en Descodificación Biológica también se han de tener presentes los posibles bloqueos personales y familiares que pueden estar incidiendo en el sobrepeso y dificultando la necesaria toma de conciencia que conduce a la sanación. En este caso hay que prestar especial atención a las memorias transgeneracionales del clan y al Proyecto Sentido (vicisitudes de los padres desde nueve meses antes de la concepción del hijo hasta que cumple 3 años). Se suelen dar casos de hijos especialmente fuertes y corpulentos bien porque están reparando algún programa inconsciente trasngeneracional del clan, bien porque fueron deseados inconscientemente así por los padres para, por ejemplo, ser soporte del clan familiar, cargar con la responsabilidad del negocio familiar, etc. Muchas veces el número de kilos de sobrepeso da pistas sobre la edad en la que surgió el trauma o impacto emocional que se esconde detrás de la enfermedad.

Todo síntoma o enfermedad, como el sobrepeso, es un aviso de nuestro inconsciente para que tomemos conciencia de que albergamos impactos emocionales no resueltos. Tomar conciencia y descubrir el “para qué” de esos programas inconscientes con pleno sentido biológico que se expresan en nuestro cuerpo son los pasos fundamentales para alcanzar la curación. La Descodificación Biológica nos guía en ese proceso de toma de conciencia y cambio de creencias, enseñándonos que, lejos de ser fatalidades y jugarretas del destino, los síntomas son nuestros aliados para que logremos vivir de nuevo en coherencia, sin victimismos, sin miedos, sin juicios.