EL INCONSCIENTE

El 97% de nuestras elecciones diarias las marca el Inconsciente. Éste constituye un auténtico tesoro que todos llevamos dentro, en el que se encuentra todo aquello que reprimimos. Contiene información muy relevante para nuestra vida sobre nuestras emociones, nuestros ancestros, nuestra infancia…Debemos reconocer su existencia y prestar atención a todos los mensajes que nos envía.

El Inconsciente lo sabe todo y buscará la manera de manifestar lo “oculto” para que sanemos. Se expresa a través de las palabras, de los sueños, de las elecciones que hacemos en nuestra vida, de nuestra intuición y, por supuesto, a través de nuestro cuerpo. Porque cada síntoma trae un mensaje del Inconsciente tratando de que tomemos conciencia de algo importante para nosotros en ese momento, tratando de ayudarnos a ver algo que hemos pasado por alto, algo que duele porque nos falta coherencia entre lo que sentimos y lo que hacemos.


El síntoma es la manifestación en el consciente de un fenómeno inconsciente”

(Sigmund Freud)


Para el Inconsciente, real e imaginario es lo mismo ya que no puede distinguir entre lo que ocurre y lo que imaginamos que ocurre. Así, todo lo que llega a través de los sentidos, del pensamiento y lo imaginario se traduce de manera biológica y provocará un síntoma. Del mismo modo, una solución simbólica puede ser interpretada como muy real por nuestro Inconsciente.


No escuchamos a nuestro interior que nos envía mensajes a través del síntoma

físico. Nos sentimos bloqueados, no sabemos qué dirección tomar, qué camino

seguir, nos sentimos desorientados, perdidos. Mientras, nuestro inconsciente

sigue mandando el mensaje sin ser escuchado y va a aumentar la intensidad

del síntoma para que prestemos atención y seguimos intentando silenciarlo,

al final el síntoma será de tal índole que nos resultará imposible seguir

nuestra vida cotidiana” (Enric Corbera)


El Inconsciente es inocente, no juzga, no diferencia entre el bien y el mal, no entiende de razonamientos, sólo de impactos emocionales. Además, es atemporal porque para él pasado, presente y futuro no existen; no hay un antes y un después. Por último, el Inconsciente es unitario, no distingue entre el otro y yo. Para el Inconsciente, en mi realidad biológica el otro no existe, todo es yo, de ahí que podamos identificarnos con situaciones y problemas del otro expresándolas con síntomas en nuestro cuerpo.