BULIMIA y BIONEUROEMOCIÓN

Por Jesús Casla
Terapeuta de BioNeuroEmoción –
Descodificación Biológica
& Hipnosis Clínica Reparadora

www.dbr-casla.com

 

La palabra bulimia procede del griego βουλιμια (boulimia) que se compone de bous (buey) y limos (hambre), es decir: hambre de buey, hambre excesiva, gran ansia de ingerir alimento, comer como un buey. Este trastorno alimenticio tan común en nuestros días, habitualmente vinculado a la anorexia, consiste en una tendencia incontrolada a ingerir alimento de manera compulsiva. A pesar de ser una actitud plenamente consciente, la persona afectada no puede evitar comer de esa forma; siente permanentemente un apetito incontrolable que la lleva a alimentarse de manera excesiva. Se trata de una enfermedad compulsiva, un desequilibrio nervioso.

En BioNeuroEmoción, abordamos todo síntoma desde la búsqueda, en primer lugar, de los conflictos emocionales no resueltos que hacen que nuestro inconsciente nos lance un mensaje de aviso a través de nuestra biología, de nuestro cuerpo. El significado, el sentido biológico de cada síntoma es universal, ya sea en Madrid, en Verona o en Buenos Aires. Esa búsqueda nos llevará siempre a la historia oculta que subyace detrás de la enfermedad. La descodificación biológica de la bulimia no es, por supuesto, una excepción.

La bulimia es la manifestación biológica de un conflicto muy concreto existente en la relación madre – hijo/a. De forma inconsciente, la hija (muy pocas veces la bulimia se manifiesta en varones) interpreta como tóxico todo lo que recibe o todo lo que procede de la madre. Lo que aporta la madre no es lo que la hija quiere o espera; anhela seguridad y, sin embargo, siente que recibe de la madre angustia e inseguridad.

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Bulimia: conflicto de abandono y relación tóxica con la madre

Cuando analizamos la bulimia hay que tener presente el simbolismo afectivo del alimento, de la leche materna. Una madre fría, distante, bloqueada por conflictos emocionales o cuando se da una separación prematura entre el bebé y la madre, puede ser interpretada por éste como una madre tóxica y, consecuentemente, sentirá un rechazo primario hacia todo lo que ella le proporcione, principalmente el alimento, la leche. Es en esa primera etapa del bebé cuando queda grabada la memoria de toxicidad y rechazo hacia la madre y hacia el alimento materno, que se puede manifestar años después (en la pubertad o la adolescencia) en forma de bulimia.

Siempre que un niño no quiere comer hay que buscar el conflicto que tiene la madre. Debemos, por tanto, analizar el Proyecto Sentido del niño: las circunstancias vividas por la madre desde nueve meses antes de la concepción hasta que el hijo/a cumple 3 años, porque nos dará las claves de los conflictos y bloqueos que están condicionando o han condicionado a la madre durante esa etapa trascendental para el desarrollo de su hijo. Qué es lo que no quiere digerir (simbólicamente) la madre? Qué rechaza? No olvidemos que el niño hace el síntoma de la madre.

Durante la etapa que abarca el Proyecto Sentido, la conexión y transmisión emocional entre madre e hijo es total. Las emociones de la madre, por tanto, influyen en la lactancia. Si la madre vive y enfrenta conflictos, si tiene emociones tóxicas, puede dar “comida tóxica” -“leche tóxica”- al niño. Si el conflicto de la madre es muy grave, la leche se puede llegar a agriar de verdad. Como vemos, la relación madre – hijo puede tomar una deriva difícil, fuera de lo previsto.

Cuando se está dando el pecho a un hijo y la madre queda de nuevo embarazada, desteta al primero para ocuparse del segundo y, sin embargo, es éste último muy frecuentemente el que más tarde acaba presentando bulimia. Esto se debe a que la madre probablemente no alimentará al segundo con toda la entrega afectiva necesaria pues siente que ha abandonado antes de tiempo al primero para alimentar al segundo y puede culparse de estar dando a éste último lo que interiormente cree que tenía que dar al primero. En consecuencia, el pequeño, debido a la conexión emocional que tiene con la madre, interpreta que ella no le está proporcionando un alimento cálido. La bulimia representa, en consecuencia, la búsqueda de alimento afectivo. Alimento (leche materna) que el hijo puede haber recibido y, de repente, haber perdido temporal o definitivamente. Por ejemplo, un destete repentino y brutal por la muerte de alguien muy cercano a la madre y el duelo posterior. En esos casos de bulimia vinculada a un destete prematuro e imprevisto, la persona bulímica puede presentar también eczema que biológicamente manifiesta la separación de la madre.

Si en la anorexia el afectado reduce drásticamente la cantidad de alimento que ingiere, en la bulimia encontramos justo lo contrario: la persona afectada no puede controlar la ingesta compulsiva. Mientras que en la anorexia hay que tener presente el miedo al rechazo por parte de quien la padece, la persona bulímica tiene más bien un miedo profundo a ser abandonada. Sabemos por la descodificación biológica del sobrepeso y la obesidad, que el sentimiento y la sensación de abandono –por parte de la madre en este caso- conducen a la necesidad primaria e instintiva (inconsciente) de aumentar de tamaño (engordar) para ser más fácilmente vistos por nuestro clan en un medio hostil en el que estamos a merced del ataque de los depredadores. Del mismo modo, biológicamente el conflicto de abandono también lleva a “acumular reservas” que garanticen un máximo plazo de supervivencia. La persona bulímica busca protección, seguridad.

La bulimia se presenta en personas que, probablemente de forma inconsciente, interiorizaron de niños el temor a ser abandonados por la madre, requiriendo su presencia; pero también es común que la persona bulímica haya sentido durante la niñez o en la infancia que su madre quería acapararlo todo hasta el punto de impedirle relacionarse de manera satisfactoria y suficiente con el padre. En definitiva, la bulimia supone una pérdida del control ya que una parte de la persona afectada rechaza a la madre mientras que otra parte tiene miedo de ser abandonada por ella, razón por lo que reclama la presencia materna. De hecho, cuando tiene lugar la crisis bulímica, con la voracidad y descontrol alimenticios tan característicos, es esa necesidad de presencia materna la que quiere corregirse y recuperar de golpe todo el tiempo que la persona ignoró o quiso ignorar a su madre.

La bulimia, por tanto, expresa un problema de tipo afectivo; el deseo de llenar un vacío afectivo a través del alimento. Porque en la primera niñez para el bebé el alimento afectivo era la leche que recibía de la madre. La bulimia evidencia una necesidad de vivir y de ser amado en medio de un clima de inseguridad y desesperación.

El resentir emocional que se oculta detrás de la bulimia siempre es de ira por el aislamiento y el rechazo, miedo por el abandono y desamparo o asco – repugnancia ante la mirada de uno mismo y ante la mirada de los demás. Este sentimiento de asco hacia la propia imagen bloquea el glucagón y, como consecuencia, se genera hipoglucemia en nuestro organismo, lo que, a su vez, hace que sintamos más hambre. Se genera así, sucesivamente, el ciclo de comer compulsiva y descontroladamente para, después, acabar sintiendo culpabilidad. Al final, habitualmente la persona bulímica acaba provocándose el vómito como autoagresión y desprecio profundo hacia sí misma en un clima de pérdida de control, de profunda depresión, frustración, angustia y desesperación. En el fondo, todo ello pone de manifiesto también un claro conflicto de identidad y baja autoestima.

En la bulimia y los conflictos que expresa siempre hay un fuerte componente transgeneracional que se puede constatar al comprobar que la madre probablemente enfrentó situaciones similares en su niñez. Es necesario comprender que la madre, desprovista de la aureola de perfección que le otorga el hijo en la primera infancia, es humana e imperfecta y, como tal, puede cometer errores; pero que hizo las cosas lo mejor que supo y pudo, condicionada por circunstancias que probablemente desconozcamos.

En BioNeuroEmoción o Descodificación – Biológica, la toma de conciencia del origen y naturaleza del problema es fundamental, como también lo es darse cuenta de que el origen de la bulimia está más en las percepciones de los hechos que en la auténtica realidad de los mismos y, obviamente, las percepciones se pueden cambiar. Cuando hay odio hacia uno mismo, en realidad ese odio es hacia un aspecto, hacia una idea que se tiene de uno mismo. Y las ideas, como las percepciones, no son inamovibles. La descodificación biológica de la bulimia permite tomar conciencia y en muy poco tiempo poder pasar a la acción como una persona nueva, liberada, desprovista de ataduras y programas tóxicos.