BIODESCODIFICACIÓN DE LAS AFTAS: MEMORIAS DEL PECHO MATERNO

Por Jesús Casla
Terapeuta de BioNeuroEmoción –
Descodificación Biológica
& Hipnosis Clínica Reparadora
www.dbr-casla.com

BioNeuroEmoción   BioDescodificación   Descodificación Biológica   Madrid   Verona (Italia)

Quién no ha tenido alguna vez una herida en la boca, más concretamente una úlcera aftosa? Las aftas –del vocablo griego aphtai– significan literalmente “quemadura”, “fuego”. También conocidas como estomatitis aftosa o úlceras bucales, se trata de llagas superficiales o erosiones de la mucosa que presentan un aspecto blanquecino o amarillento con un inconfundible borde rojo y brillante. Suelen tomar forma de protuberancia redondeada, con un diámetro aproximado de tres a ocho milímetros.

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Aftas: memoria de un alejamiento conflictivo del pecho materno

Habitualmente se presenta una única llaga. Otras veces, sin embargo, forman grupos de incluso más de diez llagas que irrumpen a la vez. Su primera manifestación es de picor y ardor intenso. Entre veinticuatro y setenta y dos horas más tarde se presenta una erosión -la llaga- sumamente dolorosa y molesta que se instalará durante aproximadamente dos semanas. Cuando su coloración se va tornando grisácea es porque la cicatrización se ha puesto en marcha.

Las aftas aparecen generalmente en la mucosa bucal y labial, en los bordes de la lengua, en los surcos linguales y bucales, así como en el paladar blando. Más raramente también hacen acto de presencia en el tubo digestivo o en la mucosa genital.

Son una de las lesiones más frecuentes y habituales de la cavidad bucal, especialmente entre niños y adolescentes de edades comprendidas entre los diez y los diecinueve años de edad. Está comprobado que las mujeres las sufren con más asiduidad que los hombres.

Normalmente, las aftas se clasifican en tres grupos: menores o leves, mayores o graves y ulceraciones herpetiformes recidivantes o estomatitis aftosa recidivante que pueden llegar a presentar cuadros clínicos con fiebre y malestar o indisposición general.

La medicina occidental atribuye el origen de las aftas a diversas causas como, por ejemplo, alteraciones en el normal funcionamiento del sistema inmunitario frente a las bacterias de la flora bucal. Se consideran también como causas las deficiencias de vitaminas y minerales (especialmente de hierro, ácido fólico o vitamina B12), alergias alimentarias y sintomatologías sistémicas como la enfermedad celíaca, la colitis ulcerosa o el sida. Asimismo, se contemplan como causa de las aftas diversos trastornos hormonales, infecciones virales y bacterianas, situaciones de estrés emocional, ansiedad y adicciones como el tabaco. Y, como suele ser habitual, se reserva la posibilidad de un predisposición genético para aquellos casos que no obedecen a las causas referidas. Caso distinto son las aftas de origen traumático, normalmente producidas por heridas en la mucosa bucal durante el cepillado de dientes, por ajustes defectuosos de las prótesis dentales o por mordeduras en la pared interior de la boca o la lengua, sin olvidar la ingesta de bebidas muy calientes o de alimentos picantes.

El historial clínico establece una especial incidencia en personas que sufren trastornos gastrointestinales, principalmente en los casos de colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn debido –supuestamente- a deficiencias de nutrientes y a la aparición de reacciones autoinmunes, hasta el punto de que las aftas, por sí mismas, están consideradas como el primer aviso de la posible existencia de los trastornos mencionados.

En la mayor parte de los casos, las aftas no requieren tratamiento alguno más allá de aliviar el dolor y disminuir, en lo posible, la inflamación con remedios sencillos como la aplicación de bicarbonato para quemar la membrana que recubre a la herida, favoreciendo y acelerando la cicatrización.

No obstante, como norma general se deben tener en cuenta tres aspectos fundamentales. En primer lugar, la periodicidad con que se manifiestan, lo que permite determinar la posible predisposición de la persona a sufrirlas. En segundo lugar, se debe observar el número de úlceras que conforman cada brote, así como el tamaño de las mismas. Por último, en cuarto lugar, es importante registrar la duración de estas lesiones porque aporta información valiosa sobre, por ejemplo, el funcionamiento del sistema inmunitario, etc. El proceso reparador se acelera asimismo si se evita la ingesta de comidas excesivamente condimentadas o alimentos muy ácidos, como los cítricos.

Cuando las aftas tardan más de dos semanas en desaparecer o se presentan más de dos veces al año, o cuando van acompañadas de otros síntomas como fiebre, diarrea o dolor de cabeza, es el momento de buscar un terapeuta que haga la correspondiente descodificación biológica para que la persona afectada llegue a comprender el sentido biológico y el conflicto emocional que se expresa de este modo en su cuerpo. Localizarlo y descifrarlo permitirá desactivar el programa inconsciente que hay detrás y, por tanto, curar definitivamente esa predisposición.

Biológicamente, todos los conflictos relacionados con la boca evidencian situaciones de desvalorización en torno a la expresividad o la palabra. También situaciones en las que no nos sentimos escuchados ni atendidos. Precisamente, cuando se dan estos condicionantes y reprimimos nuestra rabia y nuestra agresividad es cuando nuestra biología nos avisa del conflicto inconsciente expresando diversas dolencias, síntomas o malestares en nuestra boca.
Así pues, las palabras no dichas y los secretos generan problemas de salud.

Como toda llaga, las aftas tienen ese sentido biológico mencionado de rabia que no ha sido encauzada, rabia reprimida, sin expresar. Más concretamente, cuando se trata de llagas bucales, como en la mayoría de las aftas, podemos suponer, casi sin margen de error, que se trata de palabras no dichas, palabras silenciadas, retenidas por los labios.

Desde el punto de vista estrictamente conflictual, la mayor parte de las aftas responden a un conflicto surgido en la primera infancia; situaciones de separación del pecho materno. Por eso, se debe estudiar con detalle el Proyecto Sentido de la persona. El niño, ya sea porque es “dejado” por su madre a temprana edad en la guardería o por cualquier otra circunstancia análoga, siente y sufre esa separación sin capacidad para comprenderla. Se genera y se programa un conflicto serio y profundo porque anhela atrapar el pecho de mamá y no encuentra la manera ni tiene posibilidades de hacerlo. Surge así esa rabia, anteriormente aludida, que se nutre básicamente de la inmadurez e incapacidad de comprensión por parte del niño. No olvidemos tampoco que, bajo la interpretación biológica, los problemas en los labios manifiestan que la persona sufre porque no ha recibido suficientes besos o, si los recibió, estos fueron cualitativa y cuantitativamente insatisfactorios.

Las aftas en adultos casi siempre hacen referencia a problemas que rehuimos; conflictos que se reprimen o se silencian. Debates internos entre algo que nos gustaría manifestar; pero, por diversas razones, no expresamos o nos atrevemos a exteriorizar. Es precisamente ese debate interno vinculado a la palabra el que genera la rabia reprimida que se somatiza en forma de llaga bucal. De todos modos, las personas adultas que son propensas a tener aftas están dando continuidad, bajo las circunstancias referidas, a un conflicto programante que adquirieron inconscientemente en sus primeros años de vida. Las carencias afectivas en la niñez marcan el carácter y la vida no sólo del niño y del adolescente sino también del adulto que seguirá manifestando a lo largo de su vida ese déficit afectivo o esa separación abrupta o inesperada -pero siempre incomprendida- del pecho materno. Con diferentes matices, por tanto, las aftas en adultos reproducen -en contextos diferentes- las carencias afectivas memorizadas en la más tierna infancia: palabras que no decimos o no nos permitimos o no nos atrevemos a decir, situaciones de no sentirnos escuchados, secretos o verdades que no podemos decir

Conviene aclarar que aftas bucales y herpes bucales no son lo mismo ni tienen el mismo sentido biológico. Los herpes bucales se presentan en la parte exterior de los labios y son contagiosos. Por el contrario, las aftas aparecen en la parte interior de los labios, en las mejillas, las encías o la lengua y nunca son contagiosas. Los casos de herpes, como las aftas, ponen de manifiesto la existencia de un conflicto de separación; pero vivido éste como suciedad y mancillamiento.

Por tanto, en las personas propensas a tener aftas siempre hay que tener muy presente su Proyecto Sentido, es decir: las vivencias y circunstancias que afectaron a su madre desde la concepción hasta que la persona afectada cumplió tres años de edad; pero, sobre todo, cómo fue esa primera autonomía al cumplir el primer año de edad, así como la segunda autonomía en torno al tercer año de vida. Las circunstancias en que haya tenido lugar ese progresivo alejamiento del pecho materno determinarán la manera en que el niño asimile y asuma con mayor o menor carga emocional su desapego progresivo. Ahí radica la clave de cómo se ancla en su inconsciente el conflicto programante que convierte a la persona en propensa a manifestar aftas incluso durante toda su vida; porque hay una incomprensión inconsciente, activa y memorizada en su interior que se somatiza cada vez que en la vida se exponga o se enfrente a circunstancias emocionalmente similares, aunque el contexto –evidentemente- sea muy distinto.

La persona propensa a tener aftas debe analizar su Proyecto Sentido con ayuda del terapeuta y tomar conciencia de los conflictos y circunstancias que rodearon esa etapa crucial de su vida. Debe extraer las conclusiones que le permitan llevar a cabo la toma de conciencia, sin juzgar, sin victimizarse; pero comprendiendo. Sólo de ese modo la descodificación biológica de las aftas permitirá a la persona desactivar esos programas inconscientes para librarse de ellas de manera definitiva y completa.