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VULVODINIA Y BIODESCODIFICACIÓN: TEMOR, PROTECCIÓN Y AUTOCASTIGO

Por Jesús Casla
Terapeuta de BioNeuroEmoción –
Descodificación Bio-Transgeneracional
& Hipnosis Clínica Reparadora
www.dbr-casla.com

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La vulva, término que procede del latín volva y puede traducirse por “envoltura”,  comprende el conjunto de los órganos sexuales primarios externos de la mujer, mientras que la vagina, a la que está unida, representa la parte interior de los genitales femeninos.

La vulva cuenta con una estructura claramente diferenciada en la que se aprecian distintas partes:

.- El monte de Venus (mons veneris) y los labios mayores (labia majora pudendi): constituyen la parte más externa. A su vez, los labios mayores poseen glándulas sebáceas, sudoríparas y odoríferas.

.- Los labios menores (labia minora pudendi): dan entrada a la vagina y al conducto urinario. Producen secreciones sebáceas. En la parte inferior de estos labios se hallan las glándulas de Bartolino (glandulae vestibulares majores) y las glándulas vestibulares menores, esenciales para la irrigación sanguínea durante el coito.

.- En la parte anterior de la comisura de los labios internos se encuentra el clítoris, órgano formado por tejido eréctil y con gran número de terminaciones nerviosas, por lo que reacciona al tacto y proporciona placer sexual. A ambos lados del clítoris se encuentran los bulbos vestibulares

.- El vestíbulo vulvar: parte más externa de la vagina. Comprende las salidas de la propia vagina, la uretra y las glándulas vestibulares.

Durante la excitación sexual, la vulva experimenta una serie de cambios fisiológicos que  preparan el tracto genital para el coito. Estos cambios siguen un orden secuencial:

 1ª.- Fase de excitación: responde a la estimulación mecánica o a estímulos sexuales excitantes. Puede abarcar varias horas, durante las cuales las estructuras de la vulva resultan intensamente irrigadas. El clítoris y el tejido eréctil se hinchan al tiempo que la piel adquiere una tonalidad más oscura.

2ª.- Fase de meseta: las glándulas sexuales liberan secreciones que lubrican la vagina y los labios para facilitar el coito. La estimulación de la piel de la vagina, a través del deslizamiento del pene, refuerza la erección de la vulva y la hinchazón de la pared vaginal.

3ª.- Fase del orgasmo: caracterizada por las contracciones musculares del suelo pélvico.

4ª.- Fase de resolución: después del orgasmo tiene lugar la vasodilatación. Las estructuras se deshinchan, la humedad se reduce y la vulva retorna a su estado normal.

La vulva también experimenta cambios a lo largo de la vida de la mujer. En la pubertad, sus estructuras crecen y se hacen más marcadas. Estas alteraciones afectan especialmente al clítoris y a los labios mayores y menores. En la zona del monte de Venus y en los labios mayores aparece el vello púbico. En cambio, con la llegada de la menopausia y el descenso en la producción de estrógenos se observan algunos cambios distróficos como la reducción del tejido adiposo, la regresión de los labios, la disminución del tamaño del clítoris, el estrechamiento de la vagina y, en general, una mayor sequedad de la piel.

Al encontrarse en la parte externa de la zona genital femenina, la vulva está expuesta a sufrir infecciones e irritaciones. Al igual que la vagina, necesita una buena higiene y cuidados  específicos. Cuando las infecciones afectan sólo a los genitales externos se denominan vulvitis, aunque habitualmente éstas se extienden tanto a la vulva como a la vagina (vulvovaginitis). Otras patologías comunes son el liquen plano, las neoplasias, las aftas genitales y el eritema multiforme. Debe considerarse también la problemática que surge a veces por el rasurado total o parcial del vello púbico, práctica cada vez más extendida en la sociedad occidental. Cuando no se sigue la dirección natural del crecimiento del vello durante el rasurado, se pueden producir infecciones de la raíz del pelo.

La afección más preocupante de esta zona es, sin duda, la vulvodinia, caracterizada por la aparición de dolor y ardor persistentes en los labios mayores y en otras áreas de la vulva aun cuando ésta presenta un aspecto normal, sin infección. A menudo la vulvodinia, que puede afectar a mujeres de cualquier edad, es confundida con la vaginodinea, si bien ésta responde a dolores localizados en la vagina.

Aunque no se trata de una enfermedad grave, la vulvodinia, también conocida como “síndrome de ardor vulvar”, limita la calidad de vida de la mujer y dificulta seriamente el uso de tampones y de ropa ajustada. Los síntomas pueden llegar a ser tan molestos que hacen que las relaciones sexuales resulten muy dolorosas, destruyendo, con el tiempo, el deseo sexual.

Existen dos variantes de esta afección:

.- Síndrome de vestibulitis vulvar: cuando se presenta un dolor agudo como respuesta al tacto o a la presión en la abertura vaginal, precisamente donde se encuentran las glándulas vestibulares.

.-Vulvodinia disestésica: aparece una sensación de ardor espontáneo que abarca toda la vulva y a veces se extiende incluso a las piernas. Esta es una variante poco común de la vulvodinia.

La medicina clásica desconoce la causa verdadera de la vulvodinia, por lo que toma en cuenta distintas posibilidades, como por ejemplo anomalías embriológicas y metabólicas, factores psicológicos, infecciones, factores genéticos e inmunológicos, alteraciones neurológicas y diversos cambios hormonales que se producen durante la menopausia. Lo cierto es que la mujer que sufre vulvodinia puede pasarse meses o años visitando médicos y especialistas que probablemente no le podrán ayudar mientras la frustración de ella crece. Es posible que le prescriban distintos tratamientos con antidepresivos o anestésicos locales para poder, al menos, mantener relaciones sexuales. En ocasiones, le ofrecerán tratamiento fisioterapéutico para combatir los espasmos musculares mediante la relajación de la musculatura del suelo pélvico. Es probable que se someta a psicoterapia para combatir la ansiedad y los problemas de pareja que pueden aparecer. También se emplean tratamientos paliativos como la acupuntura. La cirugía (vestibulectomía) para eliminar las terminaciones nerviosas queda como último recurso cuando los tratamientos anteriores no han ofrecido resultados.

En cambio, el estudio de cualquier síntoma o enfermedad desde la Descodificación Biológica o BioDescodificación va más allá de la mera observación de las manifestaciones físicas para centrarse en la búsqueda del conflicto emocional oculto que provoca y alimenta el síntoma; o sea, el conflicto no resuelto que lleva a nuestro inconsciente a poner en marcha un programa biológico de adaptación y supervivencia, comúnmente conocido como enfermedad. Los síntomas y dolencias son advertencias de nuestro inconsciente de que albergamos conflictos emocionales que no hemos podido o sabido resolver o asimilar. La exposición posterior a circunstancias emocionales similares a las del primer trauma hará que nuestro inconsciente active de nuevo el aviso y recibamos la señal, signo rotundo de que el conflicto sigue activo. De modo que es crucial entender el sentido biológico de cada síntoma, de cada información o aviso que envía el inconsciente. Tomar conciencia de esto e identificar la situación conflictiva supone el primer y decisivo paso en el camino de la curación.

Desde el punto de vista de la Descodificación Biológica, la vulvodinia representa un programa biológico de autoprotección. Los músculos implicados en la vulva producen espasmos y el tejido se inflama para evitar el contacto. Las terminaciones nerviosas crecen y se vuelven tan sensibles que reaccionan ante el más leve contacto. Detrás de ese anhelo de protección y de esa hipersensibilidad siempre hay conflictos de tensión y miedo relacionados con la sexualidad. Puede tratarse de traumas vividos por la propia mujer o memorias de origen transgeneracional, como una violación o una relación forzada en el seno de la pareja, situaciones muy habituales cuando se presentan problemas en lo labios mayores, como suele ocurrir en los casos de vulvodinia. Los espasmos que se producen en los músculos de la vagina y la vulva dificultan la penetración. Se trata, por tanto, de evitar que se repitan episodios traumáticos. La vulvodinia representa, en síntesis, la tentativa de castigar a la pareja; indicio de cólera e ira reprimidas por desvalorizaciones o humillaciones que se expresan en esa parte tan concreta del cuerpo de la mujer. Asimismo, esta afección pone de manifiesto cómo vive y siente la mujer su sexualidad y su relación de pareja; cómo ha interiorizado y “digerido” situaciones y expresiones que le han hecho sentirse manipulada o no valorada.

El dolor característico de la vulvodinia pone de manifiesto la frustración sexual de la mujer que la padece, circunstancia que puede acabar destruyendo el deseo sexual, originar temor al sexo y, por ende, alterar seriamente su vida afectiva y emocional. De hecho, muchas se privan del placer sexual aun poniendo en riesgo sus relaciones. Esto representa claramente un sentimiento de culpa, un anhelo de autocastigo. Esa angustia evidencia que la mujer se siente culpable de algún aspecto relacionado con su sexualidad o su vida de pareja. A menudo, se desvaloriza y no se considera digna de obtener el placer sexual, sintiendo su sexualidad como algo prohibido.

La mujer que sufre vulvodinia debe tomar conciencia del conflicto que alberga, preguntándose qué es lo que tanto le irrita en relación con su sexualidad, qué conflicto esquiva, qué es lo que se niega a reconocer. Mujeres que, ante todo, deben respetarse porque detrás siempre subyacen situaciones y sentimientos de fragilidad e inseguridad.

Además del sentido biológico que hemos visto, durante el trabajo terapéutico se deben tener muy en cuenta, qué duda cabe, los detalles referidos por la propia mujer pues sirven para encontrar la emoción oculta que ha generado la vulvodinia. Es decir, sacar a la luz lo oculto, hacer consciente el conflicto inconsciente para iniciar el camino de la curación. Es fundamental realizar la descodificación bio-transgeneracional porque frecuentemente el conflicto programante de la vulvodinia se remonta a circunstancias padecidas por alguna o algunas mujeres del clan o por la propia madre durante la etapa uterina y la primera infancia de la mujer que hoy sufre vulvodinia. Es imprescindible detectar y desactivar las memorias transgeneracionales transmitidas. Sólo así, a partir de la toma de conciencia, el terapeuta podrá ayudar a la mujer a liberarse de esta afección.