DESCODIFICACIÓN BIOLÓGICA DEL VÉRTIGO: ANGUSTIA, DUDAS Y TEMORES

Por Jesús Casla
Terapeuta de BioNeuroEmoción –
Descodificación Biológica
& Hipnosis Clínica Reparadora
www.dbr-casla.com

Se entiende por vértigo la sensación aparente de movimiento giratorio ya sea de las cosas y objetos circundantes o de nuestro propio cuerpo. El vértigo es un trastorno del sentido del equilibrio que provoca una desagradable sensación de inestabilidad y, por ende, inseguridad y miedo.

Se calcula que al menos una de cada siete personas presenta algún episodio de vértigo a lo largo de su vida. En la mayoría de los casos, el vértigo es benigno; pero en ocasiones es la punta del iceberg de trastornos o enfermedades graves, como por ejemplo lipotimias, crisis epilépticas, ataque cerebral, esclerosis múltiple, tumor o hemorragia cerebral.

El vértigo suele producirse por la existencia de trastornos en el oído interno o en el sistema vestibular. Nuestro sentido del equilibrio se localiza en el oído interno. La vista, el tacto, el oído, el sistema vestibular del oído interno y múltiples partes del cerebro contribuyen a que podamos mantener el equilibrio y la orientación espacial. La alteración o anormal funcionamiento de cualquiera de estos sentidos puede producir vértigos. El vértigo es fácilmente identificable porque siempre se acompaña de alguna o varias de las siguientes sensaciones: debilidad en las extremidades, entumecimiento facial, visión borrosa, sordera aguda, cefalea occipital o pérdida de equilibrio.

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Las personas con vértigo tienen dudas, temores ante lo desconocido y la angustiosa impresión de perder el equilibrio

Podemos distinguir entre vértigos objetivos y subjetivos. En los vértigos subjetivos, la persona siente una falsa sensación de movimiento giratorio con respecto a los objetos que tiene alrededor. En cambio, en los casos de vértigos objetivos -más frecuentes- son los objetos que rodean a la persona los que parecen moverse de forma giratoria

Frecuentemente, la similitud de los síntomas provoca la confusión entre mareos y vértigos. La diferencia radica en que en los vértigos se experimenta una sensación vívida de movimiento, mientras que en el mareo a la persona le invade una sensación de desmayo. El mareo puede irrumpir cuando se tiene gripe, hipoglucemia, ciertas alergias o algunas afecciones más graves como ritmo cardíaco anormal, ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, hemorragias internas o caídas extremas de la presión arterial.

Vértigo central
El vértigo central aparece y se instala de forma progresiva. La persona empieza a sentir poco a poco una sensación creciente de inestabilidad. Las manifestaciones vegetativas son escasas y su recuperación resulta igualmente lenta y paulatina.

Es un vértigo continuo. La sensación ilusoria de movimiento puede durar días. No se registran anomalías auditivas ni se aprecian síntomas neurovegetativos. Evidentemente, el vértigo central puede deberse a muchas razones y a menudo es la manifestación de otros problemas de salud, como el síndrome vertebrobasilar, esclerosis múltiple, epilepsia, migrañas y procesos tumorales que afecten al encéfalo. El vértigo central también puede evidenciar la existencia de afecciones vasculares. En estos casos aparecen síntomas neurológicos como alteraciones en el lenguaje y parálisis facial.

“El vértigo significa que la profundidad que se abre ante
nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros
el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados”
(Milan Kundera).

El vértigo central representa aproximadamente entre el 5 y el 10% de los casos diagnosticados y surge por alteraciones en la estructura del sistema nervioso central, hemorragias cerebelares, isquemias del tallo central, insuficiencias vértebrobasilares, tumores, migrañas o esclerosis múltiple.

El método más habitual para combatir el vértigo central es el reposo, aparte del tratamiento farmacológico a través, básicamente, de relajantes musculares. También es habitual el uso de la fisioterapia y los estiramientos para obtener esa relajación muscular por otros medios menos agresivos, así como la meditación para reducir la ansiedad y el aturdimiento.

Vértigo periférico
El vértigo periférico o posicional es el más frecuente ya que supone alrededor del 90% de los casos diagnosticados. Aparece de forma súbita, en episodios breves de apenas unos minutos o escasas horas de duración, con sensación de giro del entorno. A diferencia del vértigo central, el periférico se acompaña de manifestaciones auditivas como la sensación de plenitud, hipoacusia y acúfenos, además de otros síntomas neurovegetativos como sudoración anormal, taquicardia, hipotensión y, a veces, náuseas. La recuperación es tan rápida como su aparición.
Aparece sólo con ciertos movimientos o posiciones y se puede repetir incluso durante años.

Las causas principales y más comunes del vértigo periférico son neuritis vestibular, enfermedad de Meniere, neurinoma del acústico, laberintitis, fístula perilinfática, colesteatoma y herpes zoster ótico.

Acrofobia o miedo a las alturas

Hacemos la aclaración de que la acrofobia o miedo a las alturas, comúnmente considerado también como vértigo, es un síntoma distinto. El miedo a las alturas se percibe y se siente más bien como una fobia y, como tal, genera una fuerte ansiedad en las personas que lo sufren. La persona afectada tratar de evitar las situaciones de exposición a ese miedo, como, por ejemplo, asomarse desde una azotea o desde lo alto de un puente.

El miedo a las alturas y el vértigo –en sus diferentes modalidades- responden a conflictos diferentes. El miedo a las alturas aparece en personas que carecen de referentes. Personas que sienten que no tienen dónde apoyarse. En el fondo, con el miedo a las alturas esas personas manifiestan una incapacidad para controlarse, para mantenerse en equilibrio ante las circunstancias y situaciones que la vida les va poniendo en su camino.

En cambio, el vértigo, que es lo que nos ocupa, se manifiesta en personas que –inconscientemente- se niegan a mirar o contemplar algo que no es de su agrado. Personas que están o sienten que están inmersas en etapas de transición en sus vidas; situaciones que vaticinan cambios. La persona alberga temores respecto a esos cambios por lo que acaba dispersando su atención para no tener que prestar toda su atención –su mirada- a esas novedades que generan temor e incertidumbre. Es como estar, efectivamente, al borde de un profundo precipicio. Ante nosotros: la nada, el vacío. Dentro de nosotros: el impulso o la obligación de tener que avanzar; pero con el riesgo potencial y real de caer, de perder el control y, con ello, tener que enfrentar situaciones nuevas que desconocemos. Esas situaciones son las que generan el desequilibrio interior, dando pie a la aparición del vértigo.

Descodificación biológica del vértigo
Las personas con vértigo tienen la angustiosa impresión de perder el equilibrio. Son personas que sienten dudas y temores antes el hecho de tener que tomar una decisión o dar el primer paso hacia algo nuevo, desconocido. A veces, son personas que ya han llevado a cabo cambios de los que quizá no están del todo convencidas y que quizá no aceptan o respaldan las personas más próximas. Tener vértigos es una manera de huir de algo o de alguien a quien no se quiere ver o escuchar. Puede existir la sensación de que las cosas o situaciones avanzan demasiado rápido, lo que impide ejercer el control deseado. Esto genera inestabilidad y ansiedad.

Aparte del sentido biológico que entraña el vértigo, durante el tratamiento del mismo en terapia de BioNeuroEmoción – BioDescodificación se analizan aspectos y matices referidos por la propia persona que ayudan al terapeuta a encontrar la emoción oculta que ha generado el conflicto. Se trata de hacer consciente el conflicto inconsciente y, con ello, lograr la completa y óptima descodificación biológica del vértigo, la toma de conciencia del verdadero origen y sentido del síntoma para iniciar el camino de la desprogramación, de la curación. Así, por ejemplo, los vértigos en los que se detecta un anormal funcionamiento del oído interno manifiestan que le persona alberga dudas, incertidumbres y temores relacionados con algo que no soporta escuchar y que probablemente no puede evitar. Cuando el vértigo está asociado a problemas de motricidad en las piernas pone en evidencia la falta de referentes; muchas veces por conflictos con el padre o con la figura paterna. Otras veces puede ser simplemente miedo al futuro.

Es fundamental, por tanto, que la descodificación biológica del vértigo se apoye en una búsqueda detallada y profunda de qué es lo que no soporta oír o escuchar la persona, de qué está huyendo, cuál es el conflicto de referentes, qué horizonte de futuro se despliega ante esa persona o qué situación traumática existe con el padre, con la figura paterna o de la propia persona con su situación y rol paternos.

Hay que prestar una especial atención tanto al Proyecto Sentido como al Transgeneracional porque en la mayoría de los casos el conflicto programante del vértigo tiene su origen en situaciones y conflictos vividos por los antepasados o por los padres durante la etapa uterina y la primera infancia (hasta los 3 años) de esa persona que años después -ya adulta- sufre vértigos. El vértigo suele ser la manifestación de conflictos transgeneracionales no cerrados satisfactoriamente en su día, razón por la que se transmiten de generación en generación hasta que un miembro del clan toma conciencia y se sana a sí mismo y sana al resto del clan. Por eso es sumamente importante llevar a cabo el estudio del transgeneracional para establecer las lealtades transgeneracionales invisibles y las líneas de afinidad entre miembros del clan (dobles) que repiten y heredan conflictos y programas inconscientes activos en el árbol genealógico. Sólo entonces, a partir de esa toma de conciencia, el terapeuta podrá acompañar y ayudar a la persona a obtener la curación mediante el cambio de creencias y la desprogramación o desactivación de las emociones tóxicas y de los conflictos inconscientes.