COLÉSTASIS GRAVÍDICA y BIODESCODIFICACIÓN: impotencia, resignación y enojo durante el embarazo

Por Jesús Casla

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 La coléstasis gravídica o del embarazo, también conocida como coléstasis obstétrica o coléstasis intrahepática del embarazo, es un síndrome clínico que tiene lugar cuando se interrumpe la excreción de la bilis, líquido cuya presencia resulta importante para procesar y digerir las grasas. Éste se compone de colesterol, sales biliares, lecitina, pigmentos (bilirrubina y biliverdina) y, en su mayor parte, agua. La bilis es producida continuamente por el hígado y almacenada en la vesícula biliar, de donde sale durante la ingesta y se mezcla en el intestino delgado con los alimentos para cumplir su función de proceso y digestión. En ocasiones, el embarazo puede llegar a retrasar o bloquear por completo el flujo normal de bilis. La coléstasis gravídica aparece cuando el exceso de bilis irrumpe en el torrente sanguíneo.

Habitualmente se detecta por la aparición de un picor intenso, sobre todo en las palmas de las manos y las plantas de los pies, especialmente durante la noche. Otros síntomas distintivos de la existencia de esta patología son la coluria, cuando la orina se torna de un color oscuro, y la ictericia, es decir, la coloración amarillenta tanto de la piel como de las mucosas. También son frecuentes la pérdida de apetito y la aparición de náuseas fuertes y vómitos.

Dependiendo de si la coléstasis se produce fuera o dentro del hígado, distinguimos entre coléstasis extrahepática o intrahepática, respectivamente. A su vez, según sea su desarrollo se considera coléstasis gravídica aguda la que se presenta de forma repentina y crónica cuando la interrupción de la excreción de la bilis que da lugar a este síntoma se presenta a largo plazo.

La incidencia de la coléstasis obstétrica es rara, afecta a menos del 1% de las embarazadas, y se presenta de forma más habitual durante el tercer trimestre del embarazo. Por lo general, se resuelve en el puerperio y no implica complicaciones graves para la madre, aunque existe un riesgo alto de reaparición en embarazos posteriores. Además del picor intenso, la mujer embarazada que sufre coléstasis puede tener dificultades en la absorción de vitaminas solubles en grasa (vitaminas A, D, E y K), problemas que normalmente se diluyen tras el parto sin secuelas hepáticas ulteriores.

En cambio, esta enfermedad puede tener efectos mucho más adversos para la salud del bebé porque el aumento de ácidos biliares resulta tóxico para el feto, por lo que se puede producir la muerte intrauterina o provocar el nacimiento prematuro. Existe, además, el riesgo de que el feto inhale meconio durante el parto, dificultando su respiración.

Para realizar una adecuada descodificación biológica de la coléstasis gravídica es preciso acceder al conflicto emocional oculto que la provoca y sostiene. La mujer que sufre coléstasis gravídica se ve inmersa en contexto de separación que vive con rabia. Desea tener y sentir más contacto. Se siente apartada, puede que incluso postergada ante el foco de atención que recibe ese hijo que se espera en el entorno familiar; pero, sobre todo, por parte de su pareja, que es precisamente de quien espera y desea recibir ese contacto y esa atención que necesita. Muchas veces se trata también de una cierta desvalorización física porque es posible que la mujer afectada atribuya esa falta de contacto a los grandes cambios físicos que el proceso de gestación provoca en su cuerpo, cambios a los que atribuye el alejamiento de su pareja o la disminución de la atención y el contacto que recibe de él. Esa misma desvalorización física y la pérdida de protagonismo ante ese hijo que llega pueden provocar en ella, paralelamente, frustración sexual por la falta de contacto e intimidad que siente. Todo ello es vivido y soportado probablemente en silencio y con resignación; pero con una rabia reprimida en su interior.

Al fin y al cabo, el hígado representa la crítica. Es posible que la mujer afectada se vea, en parte, como un mero medio, un vehículo que pasa a segundo plano ante ese proyecto común que se gesta en su interior, sobre el que se focaliza una creciente atención. Se siente, por tanto, postergada y no se permite exteriorizar su rabia. Hasta es probable que se engañe a sí misma y se queje de otras cosas que le molestan sin llegar a evidenciar las que de verdad le causan esa rabia que oculta o bloquea. En suma, presta atención y se preocupa por todo cuando le rodea en lugar de digerirlo, afrontarlo y ponerlo de manifiesto por temor a las posibles consecuencias de su acción.

Además, la mujer que sufre coléstasis gravídica o del embarazo vive su situación con un profundo sentimiento de injusticia. Bloquea y reprime la expresión de su conflicto emocional. No se permite exteriorizar ni comunicar su cólera e ira, aunque, desde luego, desearía hacerlo. Amargura, descontento y enojo reprimido que surgen de esa situación de bloqueo sin encontrar el modo de pasar a la acción. Se ve a sí misma indefensa e impotente para afrontar, expresar y resolver lo que siente, lo que le preocupa. Obviamente, esa forma de afrontar y sentir lo que ocurre a su alrededor es fruto de su percepción y, por tanto, de sus juicios y opiniones que le llevan a querer cambiar a los demás, en este caso a su pareja, en lugar de adaptarse y ponerse en el lugar del otro para considerar un punto de vista alternativo. Enfoca toda su atención en lo que vive y sufre; su bloqueo le dificulta e incluso le impide obtener la posible comprensión de la situación emocional que afronta su pareja en un momento también especial y quizá novedoso y lleno de incertidumbres también para él. Rechaza la posibilidad de ponerse en la piel de él y obtiene conclusiones apresuradas en las que se enroca, por lo que ni siquiera considera la posibilidad de que sus percepciones sean infundadas o estén distorsionadas.

La mujer que sufre coléstasis gravídica debe escapar de su bloqueo tomando conciencia de qué está expresando su cuerpo a través de este síntoma. Esto le permitirá afrontar su situación de forma distinta, desde otra perspectiva, con la capacidad, por tanto, de tomar el control de sus emociones y pasar a la acción habiendo comprendido las advertencias que su inconsciente le está manifestando a través de su biología.

NOTA: Extracto del libro La memoria emocional de la vida uterina, de Jesús Casla

* Jesús Casla es autor de los libros: