ACÚFENOS – TÍNNITUS: NEGATIVA A ESCUCHAR, BARRERA ACÚSTICA

Por Jesús Casla
Terapeuta de BioNeuroEmoción –
Descodificación Biológica
& Hipnosis Clínica Reparadora
www.dbr-casla.com

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Cuando hablamos de acúfenos (o tinnitus) estamos haciendo referencia a un síntoma consistente en diversas percepciones auditivas como golpes, pitidos, ronroneo, siseos, campanilleos, silbidos o zumbidos no procedentes en ningún caso de estímulos exteriores. Se trata, por tanto, de sonidos sólo audibles para la persona afectada. A veces, esta percepción auditiva puede ser tan fuerte y molesta que impide a la persona escuchar normalmente el sonido ambiental o seguir una conversación. En ocasiones, estas percepciones son de tipo pulsátil, es decir, a modo de latidos.

Como detonantes de los acúfenos se consideran causas generalmente traumáticas; pero también otras como el taponamiento de los oídos y, sobre todo, el estrés.

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Detrás de los acúfenos siempre hay una huida, una barrera acústica para no escuchar.

Según la duración de esta afección, se distinguen dos tipos de acúfenos:
– El periférico, cuando el síntoma se presenta durante algunas semanas o meses.
– El central o crónico, que puede manifestarse incluso durante años.

Los acúfenos están provocados por la vibración de los tejidos que rodean al oído o por anomalías en el funcionamiento del sistema auditivo. A veces, se atribuye su aparición a problemas vasculares en la cabeza y el cuello o a contracciones en los músculos del oído medio o en la musculatura de la mandíbula. Este síntoma puede afectar a personas de todas las edades y de ambos sexos. Aparece tanto en personas que ya padecían sordera previamente como en personas que venían gozando de una capacidad auditiva normal.

Es un padecimiento directamente relacionado con el centro del equilibrio y puede ser el primer indicio de la existencia de la enfermedad de Wernicke, afección neurológica caracterizada, conjunta o separadamente, por la aparición de trastornos en la movilidad ocular, descoordinación motora en los miembros inferiores y confusión generalizada.

Los tratamientos médicos tradicionales pocas veces resultan eficaces en los casos de tinnitus. Si bien la habitual aplicación de anéstesicos locales suele proporcionar un alivio efectivo, la mejora obtenida es fugaz y, por tanto, insuficiente e insatisfactoria. Las terapias más habituales hasta ahora, consistentes básicamente en el empleo de música y terapias de adaptación, tampoco garantizan el éxito. Por tanto, debemos concluir que no existe ningún tratamiento médico realmente eficaz que proporcione una mejora sustancial y mantenida a largo plazo o que garantice la cura definitiva y completa de los acúfenos.

La descodificación biológica nos lleva siempre a considerar las circunstancias de naturaleza emocional que han quedado sin resolver y que permanecen instaladas y activas en el inconsciente de la persona afectada. Los acúfenos no son, en modo alguno, una excepción. Como cualquier otro síntoma, son un aviso de nuestro inconsciente, a través de nuestra biología, de la existencia de conflictos emocionales larvados, latentes. Esa búsqueda, esa investigación, trasciende lo meramente físico y anatómico hasta llegar a las circunstancias reales y profundas que han propiciado el síntoma. Ahí radica la diferencia principal entre la medicina clásica, que sólo considera el aspecto estrictamente físico –la expresión final- de las enfermedades, y la descodificación biológica que investiga el auténtico origen –emocional- de todo síntoma. Las personas que tienen tinnitus saben perfectamente que la medicina clásica sólo les ofrece paliativos momentáneos, raras veces definitivos, generando de este modo una especie de enfermedad crónica a la que uno puede acabar resignándose por falta de mejores opciones conocidas.

Veamos ahora cómo se debe proceder para llevar a cabo la descodificación biológica de los acúfenos o tínnitus. Como base de partida, debemos asumir que todos los problemas relacionados con los oídos implican, en mayor o menor medida, con uno u otro matiz, con mayor o menor intensidad, conflictos de separación o de rechazo a escuchar algo que nos lastima o nos resulta desagradable. Se trata siempre de conflictos con un claro componente auditivo: el sonido o la voz de la que nos sentimos separados, el sonido o la voz -gritos, reproches, insultos, etc.- que escuchamos y preferiríamos no escuchar. En otros casos, sin embargo, esos conflictos emocionales derivan de algo que sí nos gustaría escuchar y no lo conseguimos. Pero siempre son situaciones en las que estamos o nos sentimos separados del sonido que anhelamos o, por el contrario, deseamos estar separados de algo que nos llega y nos agrede –rechazo-.

En general, los problemas de audición se presentan en personas que analizan y juzgan demasiado todo lo que oyen; personas que, por eso mismo, pueden llegar a sentir rabia interna cuando lo que oyen no es de su agrado. Tienen tendencia a sentirse juzgadas o criticadas por los demás.

Los acúfenos son la solución biológica de quien busca taparse los oídos para no escuchar, para no oír algo que considera hiriente, agresivo, desagradable, injurioso o comprometedor (conflicto de agresión). También son la solución cuando el silencio se torna insoportable y sólo generando sonidos en el interior de la cabeza la persona se siente capaz de sobrellevarlo.

Los acúfenos evidencian, de manera inequívoca, una negativa a escuchar. A menudo se trata de personas tercas, tozudas. Personas que se cierran a los consejos u opiniones de los demás porque prefieren actuar a su manera, a su gusto. Otras veces, los acúfenos aparecen en personas muy sensibles que “huyen” de escuchar los problemas de los demás para no verse en la obligación o el compromiso de tener que ocuparse de ellos o resolverlos. En esas situaciones, nuestra biología genera ese ruido mental; ruido interior, no exterior. Barrera acústica.

Por supuesto, se deben buscar siempre los conflictos programantes en el Transgeneracional y el Proyecto Sentido de la persona; pero también se deben estudiar hasta el último detalle las circunstancias de su vida en las que han surgido los acúfenos, es decir, el conflicto detonante; las situaciones o personas ante las que se está esgrimiendo esa barrera acústica en forma de ruido mental para preservar el territorio propio.

La persona que tiene acúfenos debe comprender y tomar conciencia de los conflictos emocionales que han disparado su síntoma. Sólo así, desde la comprensión, podrá liberarse de esos programas inconscientes. Sólo así, desde la escucha interna, será capaz de derribar esas barreras que inconscientemente ha levantado como protección. Porque no es lo que los otros dicen lo que molesta sino la percepción que uno mismo tiene de eso que dicen. Además, la persona que tiene acúfenos debe pasar a la acción y cambiar de actitud ya que la solución no es cerrarse a las críticas de los demás sino estar dispuesto a escucharlas, a atenderlas. Después, sólo después, quedará libre para obrar de la manera que considere más oportuna y se habrá liberado del síntoma.