ENDOMETRIOSIS EN BIONEUROEMOCIÓN

Por Jesús Casla
Terapeuta en BioNeuroEmoción –
Descodificación Biológica
& Hipnosis Clínica Reparadora
www.dbr-casla.com

La endometriosis es una enfermedad ginecológica relativamente frecuente en mujeres en edad fértil, caracterizada por el crecimiento y presencia de tejido endometrial (mucosa uterina) fuera del útero, concretamente fuera del endometrio que es la mucosa que recubre el interior del útero y que tiene por función alojar al cigoto después de la fecundación para su implantación. Habitualmente, cuando se manifiesta esta enfermedad el tejido endometrial aparece en los ovarios, detrás del útero, en los ligamentos uterinos, en la vejiga urinaria o en el intestino.

Con el crecimiento del tejido endometrial surgen tumores, la mayoría de las veces benignos. Sin embargo, estos tumores sangran con cada ciclo menstrual y, al no existir la posibilidad de que la sangre sea evacuada al exterior, aparecen inflamaciones y tejidos cicatriciales o fibrosis que acaban provocando obstrucciones intestinales, sangrados digestivos y trastornos miccionales.

El síntoma más habitual de la endometriosis es el dolor, principalmente localizado en el abdomen, en la región lumbar y en la zona rectal. También es habitual que conlleve la aparición de hipermenorrea (sangrados menstruales muy abundantes), trastornos intestinales como diarrea, estreñimiento, dolor al defecar y retortijones, e incluso amenorrea (ausencia menstrual)

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La endometriosis manifiesta un conflicto de no sentirse en la propia casa o no tener casa para concebir al hijo que la madre desea.

Si no es resuelta a tiempo, la endometriosis se convierte en causa frecuente de esterilidad y altera seriamente la calidad de vida de las mujeres que la sufren pues condiciona sus relaciones de pareja y familiares, así como sus capacidades reproductivas. Además, las mujeres que padecen endometriosis tienen más probabilidades de sufrir trastornos del sistema inmunitario, síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, asma, alergias y eczemas.

Útero: la “casa”, el “nido”

Desde el punto de vista biológico, el útero representa el concepto de “casa”, nuestro primer hábitat, el nido. El endometrio forma parte del útero; es donde se desarrolla la placenta. Por tanto, como primer “hogar”, los síntomas o enfermedades relacionados con el útero, y consecuentemente también con el endometrio, como en el caso que nos ocupa, estarán siempre relacionados con no poder nidificar adecuadamente, no poder organizar la cuna, el hogar, el nido para el futuro bebé. También puede implicar el sentimiento, por parte de la madre, de no poder o no sentirse capaz de llevar a cabo de forma completa y satisfactoria su futura función materna. En estos casos, el resentir es la necesidad de ser fuerte ante el futuro que se presenta. También se perciben connotaciones sexuales, siempre como algo desagradable y poco respetuoso, generalmente vinculado con la pareja.

Por otra parte, conviene reseñar que es precisamente en el útero donde se forman las membranas embrionarias y donde se realizan los intercambios de substancias entre la madre y el hijo, parte fundamental del proyecto sentido, etapa uterina de plena conexión biológica y emocional madre – hijo que permite al segundo absorber todas las circunstancias que vive la madre.

Descodificando la endometriosis

Si el útero representa nuestra primera “casa”, el primer “nido”, la endometriosis, esto es: el desarrollo de tejido endometrial fuera del útero, manifiesta biológicamente que la madre –inconscientemente- busca otra casa para tener a su hijo. Son comunes situaciones en las que no existe una casa propia, una privacidad, una intimidad; falta un territorio propio para tener el hijo. La madre no se siente en “su” casa o no se siente con derecho a tener hijos en ese territorio concreto que no considera suyo, o se siente excluida de una casa, por ejemplo cuando el matrimonio, en los primeros años, convive con los padres de su pareja, hermanos, etc.

Se presenta la dicotomía de, por un lado, desear estar embarazada y, por otro, no poder recibir al hijo en el lugar adecuado. Esa preocupación de no estar en casa, o en la casa adecuada, hace que inconscientemente la madre lleve el tejido fuera del útero para recibirlo en otro lugar porque el niño “no puede nacer allí”, desea hacer su nido en otro lugar.

La endometriosis también puede manifestar memorias de abortos anteriores de la propia madre o del transgeneracional. Desde este punto de vista, esta enfermedad evidencia el miedo de la madre a tener un bebé en su útero. Esa necesidad de proteger al hijo la lleva a preparar el nido en otro lugar. Por tanto, en terapia es esencial el estudio transgeneracional tanto por la existencia de abortos como por la posibilidad de que haya habido niños en generaciones anteriores que murieron prematuramente en el hogar.

Según la localización de ese tejido endometrial que se desarrolla fuera del útero, podemos advertir distintos matices esenciales para una correcta descodificación biológica de la endometriosis, sin perder nunca de vista el estudio transgeneracional que puede desvelar memorias ancestrales vinculadas aún vigentes. Si el tejido se encuentra en los ovarios es porque la madre ha vivido el conflicto como pérdida y, por tanto, el sentido biológico de esa localización es permitir una nidación rápida que acelere el reemplazo. Cuando el tejido endometrial se localiza en la vejiga es porque la madre ha vivido el conflicto en un clima de marcado de territorio, es decir, sentir o no sentir como propio el hogar. En cambio, si el tejido endometrial se presenta en el ombligo quiere decir que la madre ha sentido y vivido el conflicto como un atentado contra su propia integridad, con connotaciones familiares. El tejido endometrial en la zona recto-sigmoidea muestra que la madre ha sentido el conflicto en un clima de suciedad, sintiéndose víctima de porquerías que no ha podido eludir y que no puede o no desea perdonar. Por último, la endometriosis del músculo uterino, o adenomiosis uterina, desvela que la futura mamá se siente incapaz de llevar a buen término el embarazo.

En muchos casos, la endometriosis pone de manifiesto un bloqueo emocional de inseguridad y miedo profundo al parto o a concebir, un sentimiento de no ser capaz o no querer tener hijos. Mujeres que quieren tener un hijo, a pesar del miedo a las consecuencias del parto o a la posibilidad de morir o sufrir mucho, como seguramente le ocurrió a su madre. Este miedo puede ser suficientemente grande como para bloquear ese deseo de tener un hijo. Paradójicamente, a veces se trata de mujeres muy capaces de “concebir” en otras áreas, mujeres emprendedoras, exitosas y reconocidas en otras facetas de sus vidas.

La endometriosis, como hemos visto, “crea otro útero”, lo que es un indicio claro del deseo de tener un hijo. La mujer que sufre endometriosis debe tomar conciencia de que sus miedos e incertidumbres, con todos los matices que hemos visto, pueden ser suficientemente fuertes como para impedirla quedar embarazada. Tomar conciencia de ello supone el primer y más importante paso para poder cambiar esas creencias y emprender el camino de la curación.